








Calamaro brilló en el pepsi music:
El cantante ratificó anoche su condición de m
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o al congregar en el estadio Ciudad de Buenos Aires a más de 35.000 personas, un público
que disfrutó de otra muestra de calidad de El Salmón y su banda.
Calamaro es hoy una de las figuras más taquilleras de la escena, ya que él solo puede convocar multitudes y si no brinda conciertos en River Plate es porque prefiere un poco más de privacidad y el clima que da un espacio algo más chico como el club Ciudad de Buenos Aires donde brilló otra vez.
El domingo 5, Andrés se ganó una nueva medalla al conseguir que un coro extendido e impresionante coree la desgarradora balada “Paloma” -que puede llevar a un bajón de
aquellos a más de un desprevenido- como cierre del show.
Pero el Salmón es incansable y acompañado por una banda de rocanrol con todas las letras conformada por tres guitarristas (Julián Kanevsky, Diego García y Galo Avello), además del bajista Candy Caramelo, el baterista Niño Bruno y el tecladista Tito Dávila, brilló otra vez.
Sobre este comando es más fácil surfear y hacer todas las piruetas que se deseen en base a un repertorio en el que Calamaro sólo incluye lo que hizo en los 90, dejando de lado “Por mirarte”, “Nadie sale vivo de aquí” y su pasado Abuelo.
Con “El Salmón” abrió el show y así metió a la gente en una autopista emocional en la que recorrió canciones como “Los chicos”, “Tuyo siempre” y “Mi gin tonic” hasta que el “rodriguero” “A los ojos” provocó un sismo en Núñez, algo que ni Diego Simeone ni los jugadores de River pueden hacer desde hace meses.
Andrés arrancó el show con su guitarra Telecaster verde, que luego abandonó para sumir el rol de “frontman” más movedizo recorriendo las pasarelas y abrazando al público cada vez que pudo. Mientras tanto su banda se probó muchos trajes y todos le calzaron 10 puntos en especial aquellos que se vinculan con los gustos musicales de todos sus integrantes: The Band que acompañó a Bob Dylan en los 70 y los Crazy Horse de Neil Young.
Hubo momentos del show en el que el sonido de la banda semejó a estos grupos y lo hicieron bien sin perder el pulso ni caer en la parodia o la copia.
Para “Elvis está vivo”, la banda sonó tremendamente rockera y Candy Caramelo se hizo cargó de algunas estrofas, mientras que el fantasma de Crazy Horse sobrevoló el estadio cuando “El día de la mujer mundial” se desparramó por los aires.
La popularidad tiene licencias y Calamaro se tomó una en el medio del show cuando interpretó los tangos “Jugando con fuego” y “Los mareados”, en un estilo que la ortodoxia del género no perdonaría, y salió indemne.
“Estadio Azteca” volvió a emocionar a la gente y “Te quiero igual” terminó con la banda repitiendo el “todo va a estar bien” del clásico del reggae “No woman, no cry”.
“Alta suciedad” sonó expectacular y la frase “Bob Marley está vivo y se fuma un porro conmigo” le dio paso a una festejada versión de “Flaca”.
Para el cierre quedaron “Sin documentos”, “Canal 69” (ambas de Los Rodríguez) que precedieron al estallido emotivo que se dio con “Paloma”, la canción a la que el público convirtió en clásico y colocó al final de los bises en los recitales de Calamaro desde hace cuatro años.
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